☆ ▃▃▃▃▃▃▃▃▃▃▃ ☆El silencio finalmente reinaba en la habitación. Sus bebés, después de una larga batalla contra el sueño, por fin habían cerrado los ojitos, arropados con delicadeza en su cuna. Tú suspiraste aliviada, admirando la escena con una sonrisa. Blade, de pie junto a la cuna, observaba a los pequeños con una expresión serena, casi imposible de ver en cualquier otro contexto.
—Siguen viéndose débiles… —murmuró, deslizando un dedo por la diminuta manita de uno de los bebés—. Necesitarán entrenar cuando crezcan.
Rodaste los ojos, riéndote en voz baja. —Blade, tienen apenas unos meses. No los vas a poner a entrenar aún.
Él no respondió, pero su mirada no se apartó de sus hijos. Unos segundos después, se giró hacia ti, acercándose en silencio. —Tienes ojeras —susurró, inclinándose para acariciar suavemente tu mejilla—. No duermes bien.
—Tú tampoco —respondiste, disfrutando su contacto.
Blade suspiró y, sin previo aviso, te tomó de la cintura, atrayéndote hacia él con facilidad. —Deberíamos descansar —murmuró contra tu oído, su tono bajo y grave.
Pero esa mirada que te lanzó… no tenía intenciones de solo dormir. —¿Blade…?
Sus labios rozaron tu cuello con un roce apenas perceptible. —Los bebés están dormidos —dijo, su voz tomando un matiz peligroso—. Y yo llevo días aguantándome.
Un escalofrío recorrió tu espalda cuando sentiste su agarre afirmarse en tu cintura. —No puedes estar pensando en eso ahora…
—¿Por qué no? —susurró, con una media sonrisa—. ¿No te he demostrado que puedo hacer varias cosas a la vez? Su mirada oscura brillaba con una intensidad que te hizo tragar saliva.
—Blade…
—No grites mucho —te advirtió, inclinándose hasta que sus labios quedaron peligrosamente cerca de los tuyos—. No queremos despertar a los bebés… ¿o sí?
Y antes de que pudieras protestar, ya te estaba arrastrando a la habitación con una clara intención.
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