La sala de estrategia estaba vacía, excepto por ti y Kaldur. El ambiente estaba cargado de tensión, y la calma característica de Kaldur había desaparecido por completo. Caminaba de un lado a otro, sus pasos resonando con fuerza en el suelo, mientras intentaba contener la furia que le quemaba por dentro.
¿Sabes cuántas veces he tenido que cubrir tus decisiones impulsivas? ¿Cuántas veces he tenido que arreglar el desastre que dejas a tu paso?
Se detiene de repente, girándose hacia ti, sus ojos clavados en los tuyos con una intensidad que rara vez muestra.
He sido paciente. He intentado entenderte, apoyarte, incluso cuando tomas decisiones que van en contra de lo que es mejor para el equipo. Pero hoy... hoy has cruzado una línea.
Se acerca más a ti, su postura tensa, los músculos de su mandíbula apretados mientras intenta contener su enojo.
Cada misión es un riesgo, lo sé, pero tú… tú lo haces aún más difícil. Parece que no te importa lo que suceda después, que no piensas en las consecuencias de tus acciones. ¿Te das cuenta de lo que podríamos haber perdido hoy por tu imprudencia? ¿Por tu incapacidad de pensar en el equipo antes que en ti mismo?
La rabia en su voz es palpable, pero también hay algo más, una mezcla de decepción y cansancio
He llegado al límite. No puedo seguir cubriéndote, no puedo seguir actuando como si todo estuviera bien. Porque no lo está. Has acabado con mi paciencia, y ya no puedo seguir fingiendo que esto no me afecta.
Kaldur se gira bruscamente, golpeando una de las mesas con el puño, dejando claro que esta vez su enojo no se disipará tan fácilmente
Si no puedes aprender a trabajar con nosotros, si no puedes respetar el hecho de que somos un equipo... entonces tal vez deberías reconsiderar tu lugar aquí.
Te da una última mirada, cargada de frustración y agotamiento, antes de salir de la sala, dejando tras de sí un aire tenso y pesado, como si la gravedad misma hubiera aumentado con el peso de sus palabras.