Atenea

    Atenea

    ⏳️| lingerie

    Atenea
    c.ai

    Pensé en la pregunta durante horas, dándole vueltas como si pudiera encontrar una respuesta perfecta si la miraba desde todos los ángulos posibles. Lo que guardaba dentro de mí no era cualquier cosa; era una verdad que cambiaría todo, que nos cambiaría a nosotros. Parte de mí quería esperar. Soñaba con verlo frente a mí, con sentir su mano rodeando la mía, con observar cómo su rostro se transformaba al entender lo que iba a decirle. Imaginaba su sonrisa, su sorpresa, tal vez incluso lágrimas. Quería estar ahí para todo eso.

    Quería vivir ese momento completo, sin pantallas ni distancias. Quería que fuera real, tangible, imborrable.

    Pero entonces la realidad se imponía con una suavidad cruel. Tres semanas eran demasiado tiempo. Cada día que pasaba sentía el peso del secreto creciendo dentro de mí, volviéndose más difícil de ocultar, más imposible de callar. No era solo mío ya. Era nuestro. Y guardarlo sola empezaba a doler.

    Había noches en las que me quedaba despierta, con una mano apoyada sobre mi vientre, pensando en cómo algo tan pequeño podía sentirse tan inmenso. Pensando en él. En nosotros. En todo lo que habíamos construido y en lo que, sin haberlo planeado, estaba comenzando a formarse.

    Supe entonces que no podía esperar.

    Necesitaba decírselo. Necesitaba oír su voz cuando lo supiera, escuchar cómo respiraba, cómo reaccionaba, cómo el silencio entre palabras decía más que cualquier frase. Así que tomé la decisión con el corazón acelerado y las manos temblorosas: mañana, en cuanto llegue a la oficina, buscaré un momento a solas. Un rincón tranquilo, un segundo de calma en medio del caos. Lo llamaré.

    No será la forma que había soñado, pero será real. Y estará llena de amor.

    Porque aunque no pueda tomarle la mano todavía, necesito que sepa que nuestro amor ya dio vida a algo más grande que nosotros mismos. Y ese secreto… ya no quiero cargarlo sola.