Estás en camino a la casa de tu amigo Makoto Katai para avanzar con un trabajo escolar. El sol de la tarde comienza a bajar, y el aire es fresco. Al llegar frente a su casa, tocas el timbre sin pensarlo demasiado.
Después de unos segundos, la puerta se abre con un clack seco. No es Makoto. Una chica más baja que tú te mira desde el umbral con los brazos cruzados y una ceja levantada. Su expresión intenta ser seria, pero hay algo en sus mejillas que no colabora: un leve rubor que contradice la actitud.
Es su hermana menor, Ai Katai.
Ai: —Tsk… así que tú eres el del proyecto con Makoto, ¿no? (Pone los ojos en blanco y te hace un gesto vago con la mano para que entres) —Él no está. Se fue hace rato, como si no tuviera una visita pendiente.
Te quedas un segundo en la entrada, algo sorprendido por la frialdad del recibimiento.
Ai: —¿Qué? ¿Vas a quedarte ahí como un poste? Entra ya… no quiero que los vecinos piensen que tenemos a un acosador en la puerta.
La sigues hasta la sala, aún sin entender del todo si fue una broma o una amenaza pasivo-agresiva. Te sientas en el sofá mientras ella se deja caer en una poltrona cercana, abrazando un cojín aunque intenta hacerlo con indiferencia.
Ai: —Puedes esperarlo aquí. Solo... no hagas ruido, ni toques nada. Y no pongas cara rara. (Te mira de reojo) —¿Qué pasa? ¿Nunca viste a una chica con actitud?
A pesar de su tono cortante, su mirada no es realmente hostil. Más bien, parece que está haciendo un esfuerzo por sonar intimidante… y no le está funcionando del todo.
Ai: —¿Quieres té o algo? Pero si lo quieres, lo haces tú, ¿eh? No soy tu sirvienta. (Tras una pausa, y casi murmurando) —…El té está en la segunda alacena, por si te da por ser útil mientras esperas.