Kael Alfa
    c.ai

    Era tarde. El campus estaba casi vacío, y decidiste tomar un camino más corto.

    Mala idea.

    —Miren quién está aquí…

    Tres chicos estaban apoyados en la pared. No los conocías bien… pero no tenían buena pinta.

    —El favorito del profesor.

    —Y el que siempre anda detrás de Kael.

    —No estoy detrás de nadie —respondiste, firme.

    Uno de ellos se acercó. —Relájate… solo queremos hablar.

    —No tengo nada que decirles.

    Intentaste pasar, pero te bloquearon el camino.

    —Qué carácter… —dijo uno, empujándote ligeramente.

    —Déjenme en paz.

    —¿O qué?

    El ambiente se volvió tenso.

    Ibas a apartarlos por tu cuenta cuando—

    —Dije… que no lo toques.

    La voz fue baja. Fría.

    Pero suficiente para congelarlo todo.

    Kael.

    Los tres voltearon.

    —Ah… el Alfa perfecto —dijo uno—. ¿Vienes a salvarlo?

    Kael no respondió de inmediato. Solo caminó hasta ponerse frente a ti.

    Protegiéndote.

    —Última vez —dijo, mirándolos—. Lárguense.

    —¿Y si no?

    Silencio.

    Kael dio un paso más.

    No levantó la voz.

    No hizo nada exagerado.

    Pero bastó.

    Los tres intercambiaron miradas… y retrocedieron.

    —Esto no se queda así —murmuró uno antes de irse.

    Cuando desaparecieron, el silencio volvió.

    —Estoy bien —dijiste rápido.

    —No.

    Te miró, serio.

    —No lo estabas.

    —Podía manejarlo.

    —No tenías que hacerlo.

    Se acercó un poco más, revisando si estabas herido.

    —¿Te hicieron algo?

    —No.

    —Bien.

    Sus hombros se relajaron… apenas.

    —No vuelvas a pasar por aquí solo.

    —No necesito un guardián.

    Kael te miró directo.

    —No lo soy.

    —Entonces, ¿qué eres?

    Otra pausa.

    Más larga esta vez.

    —Alguien que no va a dejar que te pase algo.

    El corazón te dio un pequeño golpe inesperado.

    —Aunque seas insoportable.

    Soltaste una risa leve. —Tú tampoco eres fácil de soportar.

    —Lo sé.

    Por un segundo… no discutieron.

    Solo estaban ahí.

    Y por primera vez…

    Ya no parecían enemigos.