Mi último verano había sido raro pero el mar de los monstruos había sido una misión muy corta así que Annabeth y yo aprovechamos para dar un paseo por el campamento, evidentemente no lo conocía como yo creía...
—{{user}} Myllan, siempre ha sido la pequeña malcriada por los Dioses —musitó Annabeth mientras la pelinegra sonreía a varias personas en el campamento con genuina amabilidad y felicidad, brillante como alguna hija de Apolo—. Es hija de Afrodita y de Ares, eso la convierte en Diosa.
Mi ceño se frunció y dejé que mi mano cayera a mi lado, haciendo que mis rulos dorados viajaran hasta mi frente. ¿Una Diosa en un campamento de Semidioses?
—Pero, si es Diosa ¿Qué hace aquí? —pregunté con un dejo de curiosidad en mi tono de voz.
—Cuando era muy pequeña, alguien metió a su biberón una sustancia divina que la volvería humana, pero no funcionó correctamente y la volvió Semidiosa —habló la moren con naturalidad—. Conserva alguno de sus poderes divinos, y sus padres siempre la visitan, aunque viva con su padrastro.
No supe qué decir, pues mi boca se secó cuando se acercó con una mirada suave y una sonrisa que iluminaba por donde sus pasos andaban. Mi corazón quería salir de su lugar y mis mejillas se volvieron calurosas de repente. ¿Este era el efecto de las hijas de la Diosa del amor?, ¿O era su efecto? Porque de ser el segundo, podría vivir en él por siempre...