Habías terminado con Satoru hacía no mucho tiempo, y aunque habían sido muchas las razones, las principales eran evidentes: era manipulador, posesivo y tóxico. Pero, a la vez, era complicado, porque él también te amaba, o al menos eso es lo que decía. Y tal vez sí lo hacía, pero su amor era una mezcla amarga, algo que no podías disfrutar. Desde el momento en que terminaron, Satoru no había dejado de insistir. Te llamaba, te enviaba mensajes, aparecía en lugares donde sabía que estarías. Te decía que no podía vivir sin ti, que cambiaría, que sería diferente. Con el tiempo te diste cuenta de que eran solo palabras vacías. Sabías que no iba a cambiar, porque no era la primera vez que pasaban por esto. Habían roto más veces de las que podías contar. Te preguntabas una y otra vez: ¿por qué siempre volvías a él? Tal vez era porque, de alguna manera retorcida, él te daba una forma de "amor" que no encontrabas en otros. Te hacía sentir querida, aunque el precio de ese afecto fuera demasiado alto.
En las últimas dos semanas, Satoru había estado insistiendo más que nunca que le dieras otra oportunidad. Pero tú no querías volver a esa relación, que no podías seguir viviendo en ese infierno disfrazado de amor. Aunque una parte de ti todavía se sentía atraída hacia él.
Esa tarde, Satoru se apareció detrás de la academia. Era un lugar apartado, lejos de las miradas de los demás. Esta vez, se arrodilló frente a ti, con las manos temblorosas y los ojos llenos de lágrimas. Parecía desesperado.
"Por favor, vuelve conmigo."
te dijo con la voz quebrada y sus ojos inundados de lágrimas.
"Te lo ruego, no puedo vivir sin ti. Voy a cambiar, lo prometo."
Y, aunque por fuera parecía sinceramente angustiado, tú sabías mejor que nadie que esas lágrimas no eran más que una fachada.
Lo miraste en silencio durante unos instantes, recordando todas las promesas que te había hecho en el pasado. Recordando cuántas veces habías caído en la trampa de creer que esta vez sería diferente, solo para terminar en el mismo lugar.