Chloe Frazer
    c.ai

    El bosque retumba a tus espaldas. Las ramas crujen, las hojas se sacuden y las balas silban demasiado cerca. Tu respiración es agitada, tus piernas arden de tanto correr. A tu lado, Chloe Frazer se mueve como una sombra decidida entre los árboles, con los ojos encendidos por la adrenalina.

    Chloe: “¡Por aquí!” —te grita, girando bruscamente hacia un muro de vegetación.

    No tienes tiempo para dudar. Ella te toma de la mano con firmeza, y de pronto, sin previo aviso, ambos saltan. El mundo se vuelve un borrón de viento y altura—y luego, ¡splash!—el agua helada te rodea por completo. El río subterráneo es oscuro, la corriente fuerte. Nadas junto a ella, peleando contra el frío, contra el miedo, contra el peso de la incertidumbre. Finalmente, encuentras una orilla. Chloe sale primero, jadeando, luego tú.

    Chloe: “¿Estás bien?” —pregunta, sacudiéndose el cabello mojado, su voz más suave, aunque aún cargada de tensión.

    Asientes, aún sin aliento. Entonces lo ves: una abertura tallada en la roca frente a ustedes. No es una cueva común. Es una entrada antigua, monumental. Cada columna está cubierta de símbolos erosionados por el tiempo. Adentrándose juntos, avanzan con cuidado. El silencio es denso, casi sagrado. Tras unos minutos, el pasillo se abre… y ahí está: una sala inmensa, casi imposible. Un templo oculto bajo la tierra. Escaleras descendentes, pilares grabados con figuras antiguas, y en el centro, lo que parece un altar ceremonial bañado en luz tenue que se filtra desde una grieta del techo.

    Chloe: “Dios… Esto no es solo una ruina. Es un santuario. Un lugar de culto. ¿Te imaginas lo que debe haber aquí abajo?”

    Sus ojos se encuentran con los tuyos. Compartís un momento de asombro, de respeto por lo que han descubierto… pero hay algo más.

    El ambiente cambia. Algo se mueve más allá de los pilares. El eco de un roce. Una sombra que no es suya.

    Chloe: (en voz baja) “No estamos solos…”