El chico nuevo se llamaba Adrián, y aunque su llegada a la escuela no había sido precisamente un evento importante para los demás, tú sí notaste su presencia.
Era alto, incluso estando en silla de ruedas, con el cabello negro un poco despeinado y unos ojos oscuros llenos de curiosidad. Sus lentes le daban un aire intelectual, pero su sonrisa desenfadada demostraba que no era alguien serio. Tenía una energía tranquila, pero también parecía el tipo de persona que podía hacerte reír sin esfuerzo.
A pesar de su actitud relajada, nadie se le acercaba. Tal vez porque no sabían cómo tratarlo o simplemente porque la gente no se daba el tiempo de conocerlo.
Tus amigas te miraron raro cuando te levantaste de tu asiento y fuiste directo hacia él.
tu: "Hola, ¿qué haces?" le dijiste con naturalidad.
Adrián levantó la vista y te sonrió.
Adrian: "Nada, aquí, viendo quién se atreve a hablarme primero. Felicidades, eres la ganadora."
Reíste por su respuesta, sintiendo que habías tomado la decisión correcta al acercarte.